Gastamos más por querer gastar menos.
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En las primeras rutas a las que salimos, nos poníamos unas botas Timberland que compramos para caminatas largas. Muy bonitas, con suela ancha y buen agarre en el tobillo.
En nuestra segunda salida con San Perro, que fue un campamento, hicimos un hike por unas cascadas.
Las dos estábamos empeñadas con que Tomasa y Puka entraran al agua. ¡La primera que entró fue Viri y no por decisión propia! Nadie nos dimos cuenta, ¡ella rebotó! Así como se cayó, se levantó. Se acercó a la orilla de una poza, arriba de una piedra y se resbaló hasta llegar al agua, al tratar de amortiguar la caída puso la mano, pero por la velocidad y que pues no estaba preparada para caer, cayó mal, lastimándose el dedo chiquito de la mano. Probablemente se lo fisuró o rompió, pero un poquito nada más. Avisamos después de una hora al paramédico que va en ruta (¿por qué después de una hora? Por pena) y tras revisar, le entablilló la mano.
Una de las guías habló con Viri sobre sus mejores opciones de calzado y decidimos que era tiempo de ir de compras. Al ver los precios decidimos buscar características similares pero en marcas más baratas. Viri compró unas botas amarillas como 700 pesos, yo me rehusé, no quería gastar y al final la que se había caído era ella.
Así fuimos dos o tres caminatas más, hasta que en una temporada de lluvia fuimos a una caminata y en la pendiente yo no paraba de resbalar, de plano tuve que ir subiendo en zig-zag y a veces en cuatro patas.
En la siguiente semana fuimos de nuevo de compras, ahora para mí, compramos unas botas negras de 800 pesos de Goodyear donde la suela era gruesa y tenía muchos relieves que me sostendrán en terrenos más boscosos, y así seguimos dos o tres caminatas más.
Viri tenía mucha incomodidad, las piedras le molestaban mucho porque podía sentirlas a la perfección a través de la suela. Tiene tobillos delicados entonces compró bota para tener mejor soporte en esta zona, pero si los ajustaba le lastimaban y no eran muy flexibles por lo que le lastimaba también en la parte del empeine. En fin, fuimos de nuevo de compras.
Esta vez se compró botas para senderismo de The North Face. (Que sigue usando después de 2 años). Las ama porque sostiene bien sus tobillos, son hermosas, son impermeables y cuando hacemos caminatas en zonas de frío también mantiene sus pies algo calientitos.
Para mí, la historia aún no acaba. Fue hasta que en nuestro siguiente campamento, que hicimos una caminata al llegar y al día siguiente teníamos otra, que el dolor en las plantas de los pies no me dejó dormir.
Yo veía que Viri dormía perfecto entonces yo pasé esa noche sufriendo en silencio, apretándome los pies por el dolor. Cabe mencionar que aquí la princesa de la relación es ella, como seguramente ya se dieron cuenta, no yo. Por lo que aprendí que el dolor de plantas de pies no era “normal por haber caminado 5 o 7 kilómetros”.
Como no podía dormir, me puse a reflexionar. Yo amanecía siempre con dolores intensos en las plantas de los pies pensando cómo no iba a dolerme si había caminado mucho.
En la caminata del día siguiente ni siquiera pude ponérmelos y preferí llevar tenis normales. También mala decisión pero no aguantaba el dolor. En esa caminata Viri me dijo que efectivamente sus dolores de pies habían desaparecido, es decir, se cansaba y todo, pero no con el dolor que tenía ella también con las otras botas.
Siguiente compra, botas North Face también para mi.
Estas botas tienen otra larga historia, te la cuento cuando hablemos de cómo elegir la mejor talla para tus botas o tenis de senderismo.